Juanto al pueblo de Asutat, en el templo de Uepuauet, una hermosa mujer prematuramente envejecida por la demencia no cesa de suplicar a los soldados que pasan por alli que entreguen al faraon un manuscrito de vital importancia. Conmovido por la escena, Kamen, un joven de familia noble que acaba de ingresar en el ejercito, a ccede a llevar el papiro a su superior, el general Paiis.
Durante una excavación arqueológica Mark Walter, egiptólogo obsesionado por los desastres que causa la presa de Asuán, descubre un papiro que profetiza la destrucción de Egipto… Un comando aparentemente integrista asesina a su prometida Hélne… El jefe de la lucha antiterrorista recluta sus servicios… Un institut o de Atenas anuncia un terremoto en la región de Asuán… ¿Está a punto de cumplirse la profecía? Christian Jacq, enamorado de la magia de Egipto, de sus gentes, sus paisajes, su historia y sus monumentos ha construido una novela trepidante y repleta de tensión. El lector tendrá la sensación de encontrarse frente a una crónica muy próxima y real.
Continuación de Los asesinatos de Horus, la nueva entrega sobre el juez Amerotke sigue centrada en los esfuerzos de Tutmosis II por hacer valer sus derechos al trono, y el momento de triunfos militares por el que atraviesa puede ser un buen argumento en este sentido. Si finalmente logra una paz sólida con el rey de los mita ni, puede dar por hecha la primacía de su autoridad. Sin embargo, el templo de Anubis, el espacio elegido para las negociaciones, parece un auténtico nido de asesinos. El juez Amerotke deberá esclarecer las verdaderas intenciones de quienes intervienen en las negociaciones para averiguar quién puede tener interés en que éstas no lleguen a buen puerto.
El juez Amerotke se enfrenta en esta segunda entrega de la serie a la misteriosa muete de algunos de los mas sabios sacerdotes de Egipto, reunidos para debatir la legitimidad de la faraona Hatasu, tambien conocida como Hatsepsut. Curiosamente, todas la victimas eran favorables a que Hatasu ocupara el trono… Un nuevo caso para Amerotke, que en esta ocasion debe hacer frente a una secta que se daba ya por desaparecida y a un buen puñado de pistas falsas.
Separadas en el tiempo por más de tres milenios, las vidas de las dos protagonistas de esta novela parecen confluir hacia un punto de encuentro casi mágico. Desde la realidad actual, Kate McKinnon, ilustradora especializada en morfología humana, descubre en los pliegues ocultos de la Historia los secretos de una mujer cuya semejanza le causa tanta perplejidad como fascinación. El lejano pasado se convierte así en un espejo donde Kate buscará las claves de su propia felicidad. Y mientras las dos historias se desarrollan en paralelo, el lector conocerá el mundo de la arqueología moderna, cuyas tecnologías más recientes permiten investigaciones hasta hace poco tiempo impensables, a la vez que asistirá a la conmovedora historia de Aset -hija de Nefertiti y del gran sacerdote Ramoses- y del sabio médico Senakhtenre, quienes hubieron de luchar contra las opresivas leyes de su época.
En La ciénaga de los hipopótamos, primer volumen de esta trilogía dedicada al período comprendido entre la XII y la XVIII dinastías, el menos conocido de la historia egipcia, el rey Seqenenra se rebela contra el setiu Apepa, usurpador extranjero del trono y de las tierras del Delta, que está acabando con las costumbres ance strales. En El oasis, la segunda parte, su heredero Kamose retoma la lucha de su padre y se convierte en un conquistador implacable con sus amigos y enemigos por igual, devastando el país a su paso. Sin embargo, no logra expulsar a Apepa, que mantiene su posición en la inexpugnable ciudad Het-uart. Este último volumen se inicia con la coronación del nuevo Príncipe de Weset, Ahmose, como Rey del Alto y Bajo Egipto. El hermano de Kamose se propone acabar la tarea iniciada por éste e instaurar un reinado donde impere la tolerancia. Para ello hace jurar a los nobles fidelidad a él y a su esposa Aahmes-Nefertari la cual se encargará de capitanear a los guardias de palacio mientras su marido parte a reconquistar las tierras del Delta y asediar Het-uart. Su sueño es derrocar a Apepa, liberar el Delta y dominar el Camino de Horus, para que nunca más haya sangre en la arena ni en las paredes blancas de las ciudades a lo largo del Nilo. Sin embargo, en las largas horas de vigilia que impiden el sueño, Ahmose se siente solo, presa de la obsesiva necesidad de reinstaurar la gloria del Egipto ancestral, una nación maldita y bendita por los dioses. Así pues, en sus hombros ha recaído la nada desdeñable tarea de concluir la lucha que han librado tres generaciones de la estirpe Tao.
Si en La ciénaga de los hipopótamos —la primera parte de la trilogía Señores de las Dos Tierras—, el rey Seqenenra, perteneciente a la estirpe de los Tao, inicia la lucha para expulsar a los invasores hicsos, en esta segunda es el príncipe Kamose, su hijo y heredero, quien prosigue la insurrección para unificar el reino y desalojar a los extranjeros. Con un ejército de cincuenta y cinco mil hombres, las victorias y devastaciones se suceden a lo largo del Nilo hasta que las tropas llegan a los muros de la inexpugnable Het-uart, la ciudad donde se encuentra Aqenenra Apepa, el rey usurpador que ha tomado como esposa a Tani, la hermana menor del príncipe. Ante la prolongación del asedio y la inminencia de las inundaciones, Kamose decide esconder a sus soldados en un oasis del desierto hasta la retirada de las aguas y tender allí una trampa a su mortal enemigo. Sin embargo, a pesar de las victorias cosechadas, Kamose mantiene la sospecha oculta de no ser el verdadero elegido por los dioses como rey de Egipto.