La protagonista de este libro fascinante es Constanza de Hauteville, hija del rey normando Roger II de Sicilia, esposa del emperador romano Enrique VI y madre del emperador Federico II. Con estilo impecable, inteligencia y prodigiosa imaginación, la autora hilvana un relato que combina reconstrucción histórica, autobiografí a y libro de viajes, en el marco de la Europa del siglo XII
Marco Polo acaba perdiendo su posicion privilegiada en la corte del Gran Kublai Kan cuando este descubre la relacion secreta que el veneciano mantiene con una joven princesa mongola. El Kan, celoso, expulsa a Marco Polo de la corte y obliga a la princesa a casarse con el rey de Persia. Marco Polo pide como ultimo favor que se le permita escoltar a la joven hasta su prometido, y el Kan se lo concede.
Marco Polo disfruta de una posición privilegiada en la corte del rey Kublai: el Kan ha convertido al veneciano en su confidente y ha decidido enviarlo como emisario a lo largo de su imperio. Fascinado por el hombre y la civilización que representa, Marco Polo -a quien el Kan llama el Tigre por la curiosidad y valentía con q ue se enfrenta a la vida- se embarca con entusiasmo en la aventura mongola.
Con diecisiete años, Marco Polo es un joven impetuoso que decide unirse a su padre y a su tío en un viaje que lo llevará de su Venecia natal a la corte del Gran Kublai ha heredado un imperio que se extiende desde Rusia hasta el océano Pacífico.
Fray Cadfael pide licencia a su abad, Radulfo, para asistir a la reunión, aunque no le mueve un interés político sino humano. Debe encontrar a Oliveros de Bretaña, un joven caballero que ha sido apresado por las tropas del rey y que ahora corre un peligro mortal… Y es que Oliveros es su hijo secreto, concebido cuando Cadfael no era más que un joven soldado.
En Coventry, para su decepción, no logra averiguar su paradero, pero sí hace un descubrimiento preocupante: no todo el mundo está a favor de la paz, existen poderosas fuerzas que se benefician del sufrimiento de muchos y un aura de violencia reprimida preside las reuniones. El instinto paternal y el sentido del deber como hombre de bien luchan en el alma de fray Cadfael, que deberá poner en tensión toda su energía, tenacidad e inteligencia para conseguir su doble propósito: servir a la causa de la paz y proteger el más profundo de sus afectos terrenales.