nvierno de 1284. Los habitantes de Draguan, una pequeña población del condado de Toulouse, viven aterrorizados desde que el río arrastró hasta ellos unos cuerpos descuartizados. El obispo Haquin envía a unos hombres aguas arriba para investigar el crimen y estosvuelven con una extraña noticia: en mitad de unos nauseabundos pantanos han descubierto un pueblo en ruinas, Harteloup. Nadie sabe qué les ocurrió a sus habitantes. El descubrimiento despierta el interés de Roma hasta que un nuevo asesinato, esta vez sacrílego, reclama su atención: ahora es el obispo Haquin el que aparece muerto en extrañas circunstancias. Dos investigaciones han quedado abiertas: la del monje Chuquet, a la caza del asesino del obispo, y la del cura Henno Gui, sobre las circunstancias que convirtieron Harteloup en un pueblo maldito. Ambas son dos cabos de un mismo ovillo que acabarán desvelando una serie de tenebrosas maquinaciones en el seno de las altas esferas eclesiales. «Este thriller medieval inevitablemente sugiere comparaciones con El nombre de la rosa, pero mientras Eco disfruta despistando al lector, Sardou va directo al corazón.» Le Parisien
Entre los numerosos fragmentos de manuscritos localizados en las ruinas de Qumrán, a orillas del mar Muerto, uno llama la atención de los jesuitas Gabriel Santamaría y Guillermo Ledesma, que inician una investigación que les podría llevar al hallazgo de un texto escrito por el propio Jesús de Nazaret. El Escrito de Dios es una novela redactada con el mismo rigor histórico que la primera del autor, Lucius Cassius, el médico esclavo. En esta nueva historia el lector se traslada a los tiempos de Jesús en la provincia de Judea, se pasea por las ciudades de Bolonia y Aviñón en el convulso siglo XIV y llega hasta nuestra época. ¿Sabía escribir Jesús? Y, si así era, ¿pudo dejar algún escrito de su propia mano? ¿Hasta dónde llega la influencia de los esenios en el cristianismo primitivo? ¿Puede la razón supeditarse a la fe? Estos y otros muchos interrogantes aparecerán durante la lectura y, como para todos los grandes misterios, el lector deberá decidir con qué respuesta se queda.